AYUDA A TUS HIJOS A PENSAR CON CLARIDAD


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La alimentación juega un papel vital para que los niños puedan aprender. Nos estamos acostumbrando a una vida práctica y acabamos por darles a nuestros hijos comidas procesadas y refinadas que sólo minan sus capacidades y le roban a su organismo los elementos nutritivos. A veces los mandamos a la escuela con un cereal o una barra de granola en el estómago, y a la hora el niño se siente cansado, con sueño y no tiene energía en el cerebro para pensar con claridad.

Cuando les damos cereales refinados, el azúcar que éstos contienen llega muy rápido a la sangre, lo que hace que el organismo produzca insulina y el azúcar termina por almacenarse en el músculo y si sobra, en el tejido adiposo en forma de grasa, pero el cerebro no encuentra la energía que requiere para funcionar a su máxima capacidad.

En cambio si nuestros hijos consumen carbohidratos combinados con proteínas y grasas como serían unas quesadillas o huevos con pan, sus niveles de energía a nivel cerebral permanecen por más tiempo. Muchos niños incluso se van a la escuela sin desayunar lo que se ha comprobado que reduce su capacidad académica.

Las campañas publicitarias en el radio y la televisión nos han hecho que compremos productos que sólo les provocan sobrepeso pero no los nutren. Les mandamos de lunch dulces y cereales refinados.

Varios estudios reportan un aumento en la hiperactividad y bajo rendimiento escolar en niños que consumen carbohidratos refinados en exceso como los azúcares contenidos en dulces, galletas y refrescos.

Si les damos alimentos sanos y nutritivos van a mejorar su rendimiento y autoestima. Para reducir el riesgo de hiperactividad se recomienda el consumo de pequeñas dosis de niacina y vitamina C, que son vitaminas capaces de suministrar un alivio casi inmediato a una mente demasiado activa y que ayudan a enfocar la concentración mental. La niacina puede encontrarse en las zanahorias, brócoli, carne de res, queso, harina de maíz, huevos, pescado, leche, papas, jitomate y trigo entero.

La vitamina C se encuentra principalmente en frutas cítricas como toronja, naranja, limón y guayaba, así como en el jitomate, el chile y la col.

Al proveer al cerebro los elementos nutritivos que necesita, éste puede formar neurotransmisores y permitir nuevas conexiones entre las neuronas.

Otro punto calve para mantener el cerebro funcionando al máximo es el control del estrés.

Ayuda a tus hijos a controlar el estrés, no los presiones. Un poco de estrés durante un período corto de tiempo es sano ya que nos produce un grado moderado de excitación y nos vuelve creativos. También es necesario para provocar un estado de ánimo positivo.

Sin embargo, un estado de estrés constante genera una producción exagerada y crónica de cortisol, una hormona que inhibe la utilización del azúcar de la sangre por el principal centro de la memoria, el hipocampo del cerebro. Sin azúcar el hipocampo no tiene energía y no puede grabar recuerdos. Por ello, falla la memoria inmediata en los niños sometidos a un nivel alto de estrés. Además el exceso de cortisol reduce la cantidad de neurotransmisores y las neuronas no se pueden comunicar entre sí, perdiendo todas las capacidades cerebrales.

Por lo tanto, lo esencial para mantener la salud cerebral es mantener el estrés en un grado moderado y sano. Así los factores estresantes se convertirán en desafíos y no en problemas. Al encontrarse con ellos se tenderá a pensar en ideas creativas y a desarrollar nuevas conexiones entre las neuronas.

Hay dos métodos básicos para controlar el estrés.

  • Hacerse cargo de los factores estresantes:

 

    1. Realizar por escrito una lista de objetivos. Acomodarlos en orden de prioridad. Hay un objetivo que deberá ocupar el primer lugar de la lista: hijos felices.
  • Derrotar el estrés por medio de la relajación. Desplaza el estrés hacia algo positivo, hacia algo práctico, como inscribirlos a clases de baile, karate, algún deporte o actividad a la que tus hijos se sientan atraídos para que la disfruten.

 

  1. Déjalos expresar sus necesidades y deseos. Que desahoguen verbalmente sus emociones, hablando o llorando si es necesario.