EL EFECTO DE LOS REFRESCOS EN LA SALUD


 

 

Refrescos con cinta de medir

 

El consumo de refrescos se ha incrementado en los últimos tiempos. Lamentablemente, hoy en día, en nuestro país, este consumo ocupa un lugar muy importante en la alimentación. México tiene el primer lugar de consumo de refrescos per cápita en el mundo: en 1993 se consumían 140 litros por persona al año, y a partir de 1989 esta cantidad se ha incrementado. Un reporte al 2016 el consumo de refrescos creció a 164 litros por persona al año.

 

El consumo de refrescos con azúcar provoca obesidad y sobrepeso, ya que estas bebidas contienen grandes cantidades de sacarosa, glucosa y fructuosa, azúcares que llegan rápidamente a la sangre, provocando así un aumento de insulina, que les permite pasar a los tejidos y convertirse en grasa. Se ha asociado el aumento del consumo de refresco con la obesidad hasta en un 34%.

Se ha observado que el consumo de un litro de refresco por día ocasiona el aumento de un kilo de peso en tres semanas. Además, el consumo de refresco desplaza el consumo de alimentos nutritivos como las frutas, lo que afecta la calidad de la alimentación. El refresco, además, daña la integridad de los dientes, ya que disuelve el esmalte dental y ocasiona caries.

También se ha relacionado el consumo de refrescos con hiperactividad en los niños, y hay testimonios que muestran que al disminuir 50% el consumo de azúcares y refrescos, mejora el comportamiento en 42% de los casos.

Los refrescos carbonatados o refrescos de cola contienen cantidades importantes de cafeína, lo que puede provocar trastornos del sueño. Durante el sueño se estimula la hormona del crecimiento, por lo que un sueño profundo y reparador puede ayudar a un adecuado crecimiento en el niño y a la formación de músculo en el adulto.

Además, los refrescos con gas contienen ácido fosfórico, lo que dificulta la absorción de calcio y tiende a ocasionar osteoporosis.

 

El mito de los refrescos light

La mayoría de los refrescos de cola sin azúcar contienen cafeína, sustancia que estimula la producción de insulina. Como ya mencionamos anteriormente, este aumento de insulina hace que disminuya el nivel de azúcar en la sangre y que, en consecuencia, a las pocas horas sintamos la necesidad de consumir carbohidratos. De esta forma, las personas que consumen grandes cantidades de refrescos de dieta entran fácilmente al “círculo vicioso de los carbohidratos”: comer-comer.