¡MI  HIJO  NO  QUIERE  COMER!


ninos-inapetentes[1]

 

¡Es una gran preocupación para las mamás cuando sus niños no quieren comer!  Muchas veces, algunas de ellas hasta llegan a maltratar al niño al insistir para que coma aunque no tenga hambre.  Lo que es necesario saber es que el apetito de un niño se relaciona con sus necesidades calóricas. Cuando los niños están bien activos, comen  más y si es lo contrario, pues les da menos hambre.  Siempre y cuando el niño se mantenga activo y vaya creciendo de una forma normal según su edad, las altas y bajas en cuanto al apetito son normales.

Pero por otra parte, entre el año y los tres años es la etapa  en que se consolidan o se establecen los hábitos alimenticios.

A partir del año y medio comienza el período de socialización del niño, de formar sus hábitos alimenticios, pero también empiezan a ser selectivos con sus gustos. Entonces, puede ser que un niño quiera mucho un alimento y luego lo rechace. Y es aquí donde las mamás se desesperan, porque su niño no quiere comerse todo lo que se le sirve, como lo hacía antes.

Con frecuencia lo que sucede es que más que un problema  de salud lo que pasa con los niños es cómo se maneja la situación. Por ejemplo, en el afán de que el niño se alimente, la madre suele perseguir a su hijo con la comida, o le ofrece sustitutos que no son importantes desde el punto de vista nutritivo: galletas dulces, bizcochos, o bebidas que tienen colorantes y endulzantes, cualquier cosa que le guste mucho al niño con tal de verlo comer.

Los niños, que son muy listos y saben cómo manipular a sus mamás, se dan cuenta de que si no come lo que le sirven, al rato van a obtener lo que quieren y su rutina alimentaria sana se altera. Además, si un niño come algún bocado fuera de hora, como un chocolate, una nieve, que son altos en grasa y les produce sensación de saciedad, es probable que a la hora de comer o cenar no tenga apetito.

Dentro del marco familiar puede haber otros motivos: por ejemplo, competencia con los hermanos, con quién come el niño, si llega de la escuela y se encuentra con una comida enlatada o recalentada, si se trata de un niño que nunca comparte una comida con su madre y sus hermanos, todos esos son factores que se deben tener en cuenta cuando se está frente a un niño inapetente.

Hay que analizar en qué contexto se está produciendo esa falta de apetito del niño. Hay niños que por falta de afecto, no se alimentan. La relación del grupo familiar con el niño a través de la comida tiene una gran importancia, pero hay que cuidar que la necesidad de gratificación que necesita el niño no se realice únicamente a través de la comida. Por ejemplo, una mamá que está desesperada porque su hijo coma,  puede premiarlo sólo con comidas que al niño le gusten. Algo muy común es llevarlo a su restaurante de comida rápida favorita y comprarle la cajita de comida con sorpresita. El niño jamás va a decir que tiene hambre en su casa porque sabe que si no come en casa lo llevarán  a que coma por lo menos eso que le gusta.

Algunas recomendaciones para cuando tú niño presente falta de apetito:

  1. Establecer horarios fijos de comidas. Ejemplo: desayuno de 7-8 a.m.; snack de 10 a 11 a.m.; comida de 1-2 p.m.; merienda 5-6 p.m. y cena de 8-9 p.m. (dependiendo de la edad del niño.)
  2. Si en algunas de estas comidas se rehúsa a comer, no lo sustituyas por nada y espera hasta la próxima comida o merienda.
  3. Sirve porciones pequeñas. Es mejor poco y que desee repetir, que mucho y se resista a comer.
  4. En meriendas, dale alimentos fáciles de digerir, para que tenga apetito para la próxima comida. Ejemplo: gelatina, cóctel de frutas, galletitas integrales, yogurt o alguna fruta sola.
  5. Cuando coma bien, alábalo, y no digas nada, ni malo ni bueno, cuando no coma. El buscará el halago, ¿a quién no le gusta eso?
  6. Delante del niño no hagas énfasis en su mal hábito de alimentación y lo que a ti como mamá te preocupa. Esto puede darle una señal de que debe seguir con esa conducta de rehusarse a comer, para llamar la atención y hacer que el mundo gire alrededor de él. Por el contrario, habla de las cosas buenas que él hace y cuando coma bien, coméntalo con otros delante del niño. Eso será un estímulo para que su mamá y otros hablen bien de él. Pero también alábalo delante de otras personas por otras buenas conductas que tiene el niño, porque puede reforzarse demasiado el hábito de comer y se vuelva obeso.
  7. Observa bien lo que come durante un día. Quizás piensas que no se alimentó bien porque no se sentó a comer un plato de arroz con frijoles y carne. Tal vez haya comido pan, queso, leche y otros alimentos nutritivos durante el día y bocado a bocado, haya completado sus requisitos nutricionales.
  8. Si ves al niño retraído, perdiendo peso, con mucho sueño y cansado sin haber hecho mucho ejercicio, no dudes en llevarlo al pediatra para que te lo evalúe y descartar alguna enfermedad.