SOBRE ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS EN MEDICINA FUNCIONAL SEGUNDA PARTE


cerebro

 

 

Existe el dramático caso de la Dra. Terry Wahls. Enfermó con una Esclerosis Múltiple rápidamente progresiva.  A pesar de los tratamientos médicos más avanzados, en tres años el avance de la enfermedad la llevó a quedar inmovilizada y con algunas capacidades mentales afectadas.

Decidió investigar sobre los elementos comunes a las enfermedades neurodegenerativas y se percató de la relevancia del daño mitocondrial. Aprendió sobre los procesos bioquímicos de estas estructuras y de dependencia de diversos nutrientes fundamentales y a partir de esto, transformó su alimentación radicalmente. Abandonó los alimentos procesados y aquellos que provocan inflamación y sensibilidades, como lácteos y gluten y aumentó su consumo de frutas, verduras, carnes orgánicas libres de hormonas, algas marinas y pescados. Brindó a su cerebro vitaminas, ácidos grasos esenciales (omegas) y minerales (como el yodo), necesarios para fortalecer sus mitocondrias. Al cabo de un año se había recuperado por completo. Hoy se dedica a difundir este mensaje de salud y a realizar protocolos terapéuticos para demostrar el impacto de la nutrición en el sistema nervioso.

 

        La información es poder y esto es más que evidente en las oportunidades que ella nos brinda para prevenir, detectar de forma temprana, tratar y hasta solucionar el Alzheimer. Desde hace tiempo se sabe que en estos casos aparecen depósitos anómalos de un tipo de proteína llamada amiloide en el cerebro y se ha asumido que ésa es la causa del trastorno.

Se han identificado cinco variedades de la enfermedad, de acuerdo a sus orígenes:

  • por elevación de la glucosa
  • inflamación
  • toxicidad
  • daño mitocondrial y
  • deficiencias de elementos estimulantes de la producción y regeneración neuronal.

 

El amiloide representa la consecuencia y no la causa de la anomalía, y constituye un mecanismo de defensa del cerebro ante la falta de regeneradores. Es un padecimiento detonado por priones, que son proteínas que infectan a los tejidos con los que entran en contacto, propagando así el daño y fomentando la acumulación de amiloide. Es posible que un tipo de Alzheimer sea transmitido por la inhalación de esos priones y por mohos tóxicos.

Más del 65% de los casos de aparición esporádica y tardía se vinculan con la existencia del gen que fabrica la apolipoproteína E4 (ApoE4), un transportador de grasas en sangre. Quien no tiene ese gen, tiene 9% de probabilidad de desarrollar la enfermedad; si se posee una sola copia (del padre o la madre), el riesgo aumenta a 30%; y con dos copias, es de 90%. La ApoE4 regula más de 1,700 funciones genéticas.

Concentraciones de colesterol por debajo de 150 son un detonador y el empleo de estatinas (la familia de medicamentos promovidos para bajar el colesterol y reducir la frecuencia de enfermedades cardiovasculares) favorece el daño neuronal por mecanismos directos en las proteínas anómalas. La proteína precursora del amiloide esté en el epicentro del problema y su existencia y proliferación dependen de una amplia gama de condiciones.

        De poco o nada sirve toda esta ciencia mientras no se aplique en la práctica para beneficios de los pacientes. Justo es lo que están haciendo el doctor Dale E. Bredesen y su grupo de la UCLA y del Instituto Buck para Investigación en Envejecimiento, quieres crearon un protocolo de tratamiento que se sustenta en los siguientes pilares:

  • Así como se reconoce la existencia de factores carcinogénicos que inducen cáncer, los hay dementogénicos y necesitamos identificarlos para prevenir y tratar efectivamente el Alzheimer.
  • Es una enfermedad multifactorial y así debe ser abordada; ningún medicamento utilizado de forma aislada ha dado ni dará resultados. Cuantas más intervenciones se implementen, según las requiera cada enfermo, mejorará el pronóstico.
  • Es un trastorno secundario al desequilibrio entre las fuerzas que favorecen el crecimiento y desarrollo de las neuronas y las que lo inhiben, tal como ocurre en el hueso cuando la predominancia de la actividad destructora sobre la formadora lleva a la desmineralización y osteoporosis.

 

Este programa integral incluye múltiples acciones dirigidas a:

  • Optimizar la alimentación
  • Reponer las carencias nutrimentales específicas
  • Evitar la toxicidad por niveles elevados de glucosa
  • Proveer al organismo de los elementos necesarios para su regeneración neuronal y de mitocondrias
  • Eliminar la inflamación
  • Controlar el estrés
  • Mejorar el período y la calidad del sueño
  • Ejercicio físico
  • Balance hormonal (tiroideo, sexual y de hormonas de estrés)
  • Salud gastrointestinal
  • Estimular el cerebro y la concentración
  • Eliminar metales pesados

 

Respecto a la enfermedad de Parkinson, los paradigmas también se están poniendo en tela de juicio, al grado de derribar el entramado construido por la industria farmacéutica. La visión imperante es que las estatinas protegen contra este padecimiento, pero un vasto estudio de una base de datos de más de 30 millones de personas, recién reveló que el empleo de estos fármacos no sólo no disminuye, sino que incrementa el riesgo de Parkinson. Se ha confirmado que el colesterol bajo favorece la aparición de este trastorno, pero ése no parece ser el único mecanismo por el que las estatinas generan esta complicación, ya que otra consecuencia adversa es la pérdida de la coenzima Q10, que también culmina con daño mitocondrial.

 

Como siempre, todo parte de los principios básicos de nutrición, ejercicio y movimiento, sueño, manejo del estrés y relaciones. Con frecuencia también pueden requerirse suplementos alimenticios específicos, tratamientos para eliminar toxinas y algunas modalidades terapéuticas englobadas en la medicina mente-cuerpo.

 

Nunca olvidemos la pregunta clave para la medicina funcional “¿por qué?”. Con el debido proceso la búsqueda de respuestas nos guiará a la verdad.