TRASTORNOS METABÓLICOS: OBESIDAD Y DIABETES MELLITUS


Obesidad_y_diabetes

 

La obesidad y la diabetes no implican sólo el aumento de peso y las concentraciones elevadas de glucosa (“azúcar”) en sangre. Son trastornos complejos que representan alteraciones profundad del metabolismo.

La nutrición, como ciencia de la salud, inició su historia en Babilonia y de ahí siguió a China y Grecia. Pero la verdadera comprensión del papel de la alimentación en el funcionamiento del organismo, se remonta al siglo XVIII. James Lind, médico de la marina británica, fue el primero en realizar un experimento científico en este terreno; en 1747, demostró que era posible evitar el escorbuto que diezmaba a los marinos que pasaban años en altamar proporcionándoles jugo de lima, rico en vitamina C (que sería identificada hasta 1932).

Fue un proceso muy largo hasta que se supo que los problemas de salud como el escorbuto, la anemia, la pelagra, el bocio, o el beriberi eran secundarios a la desnutrición y a deficiencias puntuales de algunos nutrientes.

                En los años treinta del siglo XX apareció una de las figuras más emblemáticas y controvertidas de la medicina y la nutrición: Ancel Keys. A él, en gran medida, le debemos el grave problema de obesidad y diabetes que hoy enfrentamos. Durante la Segunda Guerra Mundial asesoró al Departamento de Defensa estadounidense, para el que creó las célebres “raciones K” (paquetes portátiles y ligeros de alimentos con alto contenido calórico) para los soldados en el frente de batalla. También realizó investigaciones enfocadas en los beneficios de las vitaminas y la testosterona en el rendimiento muscular, los efectos de la inanición en el ser humano y la forma correcta de reanudar la alimentación.

Su interés por las enfermedades cardiovasculares surgió de observar que los ejecutivos de negocios norteamericanos, personas con alto poder adquisitivo y en apariencia muy bien nutridos, sufrían infartos cardiacos con frecuencia, mientras que en la Europa devastada por la guerra, donde escaseaba el alimento, el número de casos de este padecimiento había disminuido. Postuló que existía una asociación entre el consumo de colesterol y la frecuencia en la mortalidad por la enfermedad coronaria. A partir de eso inició el primer experimento en esta materia: el “Estudio de los siete países”.

A pesar de las críticas a los resultados, el impacto fue de tales proporciones que definió las políticas nutricionales que prevalecieron por muchos años y que apenas recientemente estamos corrigiendo.

                A partir de entonces, el mercado de alimentos procesados se inundó con productos bajos en colesterol y en grasas. Se nos hizo creer que para “estar en forma”, esbeltos y saludables, debíamos evitar el consumo de dichos compuestos. Pero para conservar el sabor, la textura y la consistencia de estos alimentos fue necesario encontrar un sustituto, y el elegido fue, ni más ni menos, que el azúcar, con lo que se magnificó el problema hasta convertirse en la actual epidemia de obesidad.

                Aparecieron dos bandos que se enfrentaron de manera feroz: el liderado por Keys, que argumentaba que la arterioesclerosis era producida por el colesterol; y el del doctor John Yudkin, que entre sus filas contaba con científicos de la talla del ganador del Premio Nobel, el doctor Linus Pauling, que decía que la obesidad es secundaria al azúcar.

                Yudkin, químico, bioquímico y médico, fue el director de fisiología de la Universidad de Londres en el Queen Elizabeth College, donde fundó el primer departamento de nutrición en Europa en 1954. Preocupado por lo que llamaba “la desnutrición de la afluencia”, trabajó para identificar el papel de la alimentación en el surgimiento de las enfermedades crónico-degenerativas, en particular las cardiovasculares. Afirmaba que el ser humano siempre ha consumido grasas, sin que ello hubiera tenido consecuencias nocivas para su salud y que el incremento en la ingesta de azúcar, desde 1850 en adelante, era lo que había ocasionado la explosión de arterioesclerosis.

                El doctor Mark Hyman ha secundado esta propuesta señalando que el mayor cambio en la alimentación de la humanidad, sobre todo en los últimos 30 a 50 años, es el azúcar. Nuestros ancestros paleolíticos comían 22 cucharaditas por año, cifra que al inicio de 1800 había aumentado a 4.5 kg y en la actualidad, para un estadounidense promedio es de 67.5 a 82 kg por año (aproximadamente 500 gramos por persona al día).

Yudkin sustentó su tesis y rebatió los conceptos de Keys, quien respondió con agresividad dándose a la tarea de desacreditar y destruir la carrera profesional de su opositor. A Keys se sumaron otros investigadores y la industria alimentaria, cuyos intereses se veían amenazados.

Descubrimientos recientes han confirmado los conceptos de Yudkin, aunque la resistencia e influencia de la industria alimentaria siguen siendo enormes. A pesar de que prestigiadas instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han iniciado campañas públicas para reducir el consumo del dulce, se han enfrentado a una terrible oposición.