Cada día estamos más conscientes de la importancia de una buena alimentación para gozar de salud y prevenir enfermedades.
Entre las cosas más importantes que podemos dar a un niño es enseñarle a alimentarse bien, lo que le ayudará a crecer y desarrollarse de manera adecuada.
Los hábitos que se forman desde la niñez lo acompañarán a lo largo de toda una vida.
Alimentarse adecuadamente no es tan difícil de enseñar. Una alimentación sana debe combinar una gran variedad de alimentos, debe ser flexible y adaptarse a las necesidades y gustos de cada persona, y no debe prohibir ningún grupo de alimentos que podría llevar a deficiencias de nutrientes importantes, dañando la salud.
Día a día a través de las comidas se tiene la oportunidad de formar los buenos hábitos que nos ayudarán a obtener energía para realizar nuestras metas.
Algunos estudios indican que los niños que comen sin orden o se saltan alguna comida tienen problemas para obtener la energía que necesitan para rendir en el colegio.
Los niños que comen a sus horas aprenden a consumir mayor variedad de alimentos, a portarse mejor en la mesa y a convivir con otros miembros de la familia.
Para que las comidas sean momentos importantes para aprender, es necesario ofrecer una gran variedad de alimentos, de diferentes sabores y colores, en un ambiente de tranquilidad y diversión.
Frutas y verduras: procura ofrecer una ración de fruta en cada comida y una taza de verduras. De preferencia ofrece la fruta cruda y de ser posible con cáscara. Estos alimentos aportan al organismo vitamina C, vitamina A y agua. Además, contienen celulosa, cuya función es ayudar a la buena digestión.
La vitamina C ayuda a cicatrizar las heridas, fortalece las paredes de las venas y las arterias, así como las encías y los dientes; se encuentra en frutas cítricas, tomates, chile y col.
La vitamina A ayuda a nuestros ojos a ajustarse a la oscuridad, nos hace crecer y nos ayuda a mantener suave la piel. Se encuentra en vegetales verdes, zanahorias, papas, chabacano y el hígado.
Cereales y leguminosas: combina los cereales con las leguminosas, de esta forma podrás formar proteínas indispensables para el crecimiento adecuado. Ejemplo: arroz con chícharos, tortilla con frijoles, lentejas con pan. Solos proporcionan proteínas de baja calidad y vitaminas del complejo B. Cuando se combinan los cereales con la leguminosa, (por ejemplo, arroz con frijoles o arroz con chícharos), la calidad de la proteína mejora, al igual que si se combinan los alimentos de origen animal con algunos cereales.
Alimentos de origen animal: escoge alimentos de origen animal libres de grasa como el pollo o pavo sin piel, carnes magras, pescados y quesos blancos. Estos alimentos proporcionan proteínas, vitaminas del complejo B, hierro y calcio. Las proteínas nos ayudan a combatir la debilidad, construye los músculos y huesos y reparan los tejidos.
Las vitaminas del complejo B nos ayudan a tener buen apetito y a fortalecer los nervios. El hierro da fuerza al cuerpo y ayuda a que el oxígeno llegue al organismo. El calcio endurece nuestros huesos y dientes, permite la coagulación adecuada de la sangre y regula el trabajo del corazón, músculos y nervios.
Grasas: evita las grasas animales, prefiere aceites vegetales como el aceite cártamo y de oliva. Ofrece semillas como nueces, almendras o cacahuates. El aguacate es una grasa vegetal muy sana. Las grasas transportan vitaminas liposolubles como las vitaminas A, D, E y K; forman hormonas y mantienen la temperatura del cuerpo. Además, protegen órganos internos como el corazón y los pulmones y son un aislante contra golpes y las inclemencias del clima.
La ventaja de conocer los grupos de alimentos es que podrás sustituir unos alimentos por otros. Si a tu hijo no le gusta el pollo puedes ofrecerle queso, huevo o pescado. Lo mismo sucede con las frutas, verduras o cualquier otro alimento, siempre tenemos forma de obtener los nutrientes que necesitamos de otros alimentos. Entre más variada sea nuestra dieta más balanceada y completa será.
SUGERENCIAS PARA LAS COMIDAS
- Planea lo que va a comer el niño.
- Lo mejor es emplear en la medida de lo posible alimentos frescos y evitar alimentos procesados.
- Ofrece al niño alimentos nuevos sin forzarlo a que los pruebe. Mientras más se acostumbre a verlos, más fácil será que los quiera probar.
- Dale alimentos nuevos junto con alimentos que ya conozca y le gusten.
- Si el niño es muy pequeño evita darle alimentos difíciles de masticar o tragar.
- Prepara menús sencillos. Sirve las salsas aparte. Usa pocos condimentos. Sirve cantidades pequeñas y permite que el niño pida más.
- Haz la comida atractiva con diferentes colores, formas, texturas y sabores. Por ejemplo, tiritas de zanahorias con rodajas de pepinos
- Si tu hijo es muy inquieto y se para antes de terminar de comer, prepara una comida en un solo platillo: arroz con frijoles y pollo.
- Permite que tus hijos coman chocolates, nieve o helado, pero no los des como premio.
- Los niños aprenden mucho de lo que se les enseña, pero mucho más de lo que ven. Procura mejorar tus propios hábitos alimenticios y beneficiarás a toda la familia.

