No sólo el 80% de las personas con obesidad padecen del síndrome metabólico, incluso un 40% de la población con peso normal lo sufre. Éste se da cuando una persona reporta dos o más de los siguientes indicadores: colesterol alto, diabetes (glucosa alta), triglicéridos altos, hipertensión e hígado graso.
El Dr. Robert Lustig’s publicó un video en YouTube que ha sido visto por 6.5 millones de personas, “Sugar the bitter truth”. De acuerdo a este video había seis millones de niños con sobrepeso en el 2001 y al día de hoy se incrementó a 23 millones, a pesar de todas las recomendaciones de dieta y ejercicio. Si esta tendencia continúa, se estima que para el 2050, 100 millones de americanos padecerán diabetes. Estas estadísticas sugieren que el problema se encuentra en la exposición de la población a ciertas sustancias y no sólo en el cambio de conductas: comer menos y ejercitarse más.
¿Qué ha elevado las cifras de diabetes y obesidad?
Antiguamente se pensaba que para mantenernos en nuestro peso teníamos que ingerir el mismo número de calorías que gastábamos, es decir, que mientras nos mantuviéramos en balance seríamos delgados. Ahora entendemos que no todas las calorías tienen el mismo efecto en la producción de hormonas de hambre y saciedad, lo que elimina el estigma que consideraba a las personas con sobrepeso como glotones y flojos, cuando el verdadero problema está en las reacciones bioquímicas que generan ciertos alimentos.
Hoy se sabe que para almacenar grasa deben aumentar los niveles de insulina y que algunos alimentos la elevan bruscamente. El más peligroso de ellos es la fructuosa, conocida también como jarabe de maíz o jarabe de alta fructuosa, que afecta la sensibilidad de la insulina y la leptina, provocando sensación de hambruna y letargo constante.
Un estudio del Dr. Zoe Harcome, especialista en termodinámica, explica que la energía necesaria para que un gramo de proteína esté disponible para el cuerpo es de alrededor de 30%, en cambio los carbohidratos sólo requieren de 6-8%. La solución radica en reducir el consumo de carbohidratos (sin eliminarlos por completo) y seguir una dieta rica en fibra, consumiendo un gramo de proteínas por kilogramo de peso ideal y grasas saludables.
Cada célula de tu cuerpo utiliza glucosa como fuente de energía y sólo el 20% sobrante es metabolizado por el hígado. Las células no requieren fructuosa, por lo que el 100% es procesado por este órgano del cuerpo y con-vertido a grasas en forma de triglicéridos y colesterol. Este consumo daña tu páncreas, hígado y cerebro más que el alcohol.
La respuesta está en ingerir comida real y evitar refrescos, jugos y productos elaborados con fructuosa y harinas refinadas como barritas de granola, galletas y dulces.

