TEORÍAS DEL POR QUÉ ENVEJECEMOS


 Envejecimiento

 Por el paso del tiempo y por la influencia de las toxinas provenientes de la dieta y del medio ambiente, las células experimentan un “uso y desgaste” que las deteriora.

Se atribuye al exceso en el consumo de grasas, azúcar, cafeína y alcohol, al tabaquismo, las drogas, los rayos ultravioleta del sol y a otros factores de estrés físico y emocional.

 

  • El efecto ocasionado por la disminución en la producción hormonal de la hipófisis. La menor concentración de las hormonas del crecimiento, sexuales, tiroideas y de cortisol incapacita al organismo para llevar a cabo sus funciones vitales de reparación y regulación bioquímica.

 

  • La teoría del control genético afirma que nacemos con una codificación preestablecida en nuestro ADN, la cual determina el ritmo de degeneración y de muerte celular. Cuando alcanzamos esos límites, todos los ciclos bioquímicos se alteran y dejan de operar con normalidad.

 

  • Disfunción inmunológica, que se traduce en la pérdida de la capacidad para producir anticuerpos o al contrario, en una generación exagerada e éstos, que actúan en contra de nuestras propias estructuras, con el consecuente desarrollo de enfermedades autoinmunes.

 

  • Por exposición o acumulación de moléculas eléctricamente inestables, llamadas radicales libres, que son átomos muy reactivos porque contienen un electrón no apareado. Estos inducen una reacción en cadena que altera la producción de ADN y ARN (ácido ribonucleico, responsable de la transcripción del ADN para generar proteínas) y de las concentraciones de proteínas y enzimas reguladoras de muchos procesos químicos. Los radicales libres dañan y desorganizan la membrana de las células y afectan su metabolismo, precipitando una mutación cancerígena o acelerando su muerte.

 

El envejecimiento es continuo, nunca se detiene durante nuestra existencia. A partir del nacimiento inicia un largo proceso de desarrollo y maduración que no es igual para todos los órganos y sistemas, además de ser diferente en el hombre y la mujer. En la mayoría de los casos, pero no en todos, ese crecimiento sólo se detiene con la muerte.

En el caso del cerebro, la evidencia científica de los últimos años confirma de manera categórica el concepto de neuroplasticidad, que es la capacidad del sistema nervioso para transformarse, formando nuevas células cerebrales y modificando las conexiones entre éstas.

 

Se ha demostrado que las nuevas conductas y el aprendizaje dependen de estímulos repetitivos. Este efecto persiste toda la vida, sin importar la edad de la persona. Cada reto que enfrentamos, cada cosa que aprendemos y cada inferencia que hacemos, desarrollan nuevas conexiones neuronales e incluso propician el crecimiento de diversas estructuras cerebrales, dependiendo del tipo de actividad realizada.

 

¿De qué depende que esto ocurra?

De los denominados “Cuatro pilares de la salud cerebral”:

  • la alimentación
  • el ejercicio físico
  • el ejercicio mental y
  • el control del estrés

 

Sin descartar otro factor al que cada vez se le asigna mayor peso e influencia: los vínculos afectivos.

Cuando amamos y experimentamos sentimientos de empatía, comprensión y cariño hacia otras personas, estimulamos el crecimiento y la transformación de nuestro cerebro.